A principios del mes de mayo de 2026 el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, gestionado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas Plazo (ECMWF), alertó sobre el máximo registro de temperatura alcanzadas en los océanos extrapolaresen el mes de abril, favoreciendo al surgimiento del fenómeno El Niño, incluso provocar un Súper Niño.
Algunas agencias meteorológicas prevén que 2027 se convierta en el año más caluroso jamás registrado, debido a que se ha reforzado la señal de un calentamiento globalsostenido, altas temperaturas de la superficie del mar, olas de calor marinas generalizadas y el hielo marino por debajo de la media.
De acuerdo con la actualización del Climate Prediction Center de NOAA actualizada en mayo de 2026, la probabilidad de que El Niño emerja entre mayo y julio se elevó al 82 por ciento, mientras que la persistencia del fenómeno entre diciembre de 2026 y febrero de 2027 aumentó al 96 por ciento.
¿Qué es El Niño y El Súper Niño?
El fenómeno de El Niño es la fase cálida del ciclo climático natural El Niño Oscilación del Sur (ENSO), caracterizado por el aumento de la temperatura en la superficie del agua en el Pacífico tropical, por lo que se altera la circulación atmosférica generando más lluvias de lo normal y eleva el clima en gran parte del mundo.
Sin embargo, cuando este ciclo climático natural se intensifica recibe el nombre de El Súper Niño, es decir, cuando la temperatura superficial del Pacífico central supera los dos grados centígrados por encima del promedio. Este volumen de calor que se transfiere del océano a la atmósfera desplaza las corrientes y el sistema de viento.
¿Qué consecuencias tiene el Súper Niño en el planeta?
Al aumentar la humedad en la atmósfera y en ambos hemisferios, se pueden disparar de manera simultánea sequías, inundaciones, incendios, lluvias torrenciales, y el mayor de los problemas, la generación de huracanes más intensos.
Cuando la superficie marina sobrepasa los 26.5 o 27 grados centígrados, el aire cálido de las capas más bajas en la atmósfera absorbe más vapor de agua, alimentando el sistema de energía que acelera la formación de los huracanes. Además disminuye los vientos fuertes permitiendo que se organicen lluvias de manera vertical sin posibilidad que sus estructuras sean destruidas.



