La euforia como analgésico: ¿Por qué México festeja tanto a la selección?

CIUDAD DE MÉXICO.— A dos semanas del inicio del Mundial 2026, la Selección Mexicana no solo ha conseguido resultados deportivos, sino que ha detonado una ola de euforia colectiva que ha invadido plazas públicas, calles y espacios de convivencia en distintas ciudades del país.

Tras la victoria 3-0 frente a República Checa, con la que México avanzó como líder de grupo e invicto a la siguiente fase, el ambiente festivo se desbordó en la capital y en las principales sedes del torneo. Para miles de aficionados, el triunfo representó un paréntesis emocional frente a las tensiones cotidianas, generando una sensación de unidad momentánea en medio de un contexto social complejo.

De acuerdo con el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Fernando Vizcaíno Guerra, este fenómeno puede entenderse desde una perspectiva sociocultural. Retomando ideas del escritor Octavio Paz, el especialista señala que la fiesta colectiva funciona como un mecanismo para enfrentar sentimientos de soledad y fragmentación social.

“El futbol ofrece un espacio de expresión emocional compartida: gritos, abrazos y celebración incluso entre desconocidos, lo que permite construir comunidad de manera inmediata”, explicó el académico.

Vizcaíno también advierte que este tipo de eventos adquieren una dimensión política y mediática, al ser aprovechados tanto por autoridades como por organismos internacionales y medios de comunicación, que amplifican su impacto social.

Sin embargo, mientras la atención se concentra en la justa deportiva, persisten problemáticas sociales como las movilizaciones de colectivos de personas desaparecidas y otras demandas de justicia, que continúan presentes en el espacio público.

El especialista anticipa que, tras una eventual eliminación de la selección, podría producirse un “duelo colectivo temporal”, caracterizado por frustración y desencanto. No obstante, también plantea la posibilidad de que esa experiencia derive en nuevas formas de cohesión social, donde la derrota se resignifique como identidad compartida.

Por ahora, la euforia continúa. México vive el Mundial entre la esperanza deportiva y la necesidad emocional de encontrar motivos de celebración antes del regreso a la rutina cotidiana.

Con información de Proceso