El pensamiento crítico es la capacidad humana de analizar, cuestionar y valorar la información antes de darla por cierta. Sin embargo, en la era digital, esta facultad se encuentra bajo una amenaza silenciosa. Expertos y académicos advierten que el uso excesivo e irreflexivo de la inteligencia artificial está erosionando la capacidad de las personas para formar juicios propios, un fenómeno que comienza a manifestarse desde edades muy tempranas en las aulas y centros de trabajo.
La trampa de la «delegación cognitiva»
Sonia Martínez, investigadora de Innovación Educativa en la Universidad Europea, identifica un problema central: la delegación cognitiva. Este término se refiere a la dependencia que desarrollamos al pedirle soluciones a la inteligencia artificial antes siquiera de intentar pensar por nosotros mismos. Al evitar el esfuerzo mental, limitamos nuestra capacidad reflexiva y nos volvemos pasivos frente a la tecnología.
Según la especialista, existen tres síntomas claros de que la inteligencia artificial está afectando nuestra mente:
Experimentos para medir tu dependencia
Para evitar que la inteligencia artificial nuble nuestro juicio, Martínez propone ejercicios de autoconsciencia. Uno de ellos es realizar una tarea compleja —como un ensayo o un análisis— totalmente a mano y sin asistencia, para luego comparar la profundidad del resultado con uno generado tecnológicamente. Otro método es la verificación activa: usar la inteligencia artificial y dedicarse exclusivamente a buscar sus errores, sesgos o alucinaciones informativas.
Estrategias desde la educación
El reto no es prohibir, sino aprender a convivir. La clave está en utilizar la inteligencia artificial como una aliada y no como un sustituto. Martínez sugiere implementar «debates socráticos» con chatbots para que los alumnos cuestionen los sesgos ideológicos del algoritmo. También propone la evaluación por pares, donde los estudiantes deben corregir y mejorar lo que la inteligencia artificial ha redactado, fomentando el análisis colaborativo.
¿Humanos o androides?
La reflexión final es profunda: si las máquinas ejecutan órdenes y los humanos crean, al delegar nuestro pensamiento estamos «humanizando» a la máquina y «robotizándonos» nosotros. En un mundo donde la esperanza de vida crece, la delegación cognitiva podría acelerar el deterioro de nuestras funciones básicas. Debemos recordar que, aunque la inteligencia artificial ofrece respuestas rápidas, el verdadero valor del futuro residirá en la capacidad humana de hacerse las preguntas correctas. Es fundamental entender que el uso ético de la inteligencia artificial es lo único que nos salvará de perder nuestra esencia crítica ante la inteligencia artificial.



